¿Se sueña viviendo o se vive soñando? pues sin haber reflexionado mucho sobre la cuestión estas imágenes me sugieren el mundo de los sueños.

El campo en primavera es una alfombra de flores, olores, colores y trinar de pájaros. Aunque empieza a pasar del verde al rubio, es un verdadero placer pasear antes de que esa alfombra se convierta en trampa de espinos, polvo, calores y sudores.
Curiosamente el campo parece ser mejor guardián de la memoria viva -si quieren llámenle histórica aunque sea redundante- que los pueblos y ciudades. Sus gentes saben poco de escuela y mucho de sobrevivir, y los menos que no se fueron y aguantaron el tirón son testigos vivientes de lo que se nos figura tan antiguo y lejano, cacicadas, miserias, empeños, pernadas.
Son supervivientes, cualidad que puede venir muy a mano ahora con los tiempos que corren.
Con ese mensaje subliminal de los que predican la abstinencia se pretende resolver un problema muy grande que a pesar de las bendiciones del buen Dios no deja de atormentar al imperio, el petróleo fue una maldición otorgada a los enemigos del susudicho, ya que bendición tampoco se le puede llamar, si no que le pregunten a los Iraquíes.
Así que la gran esperanza no blanca, el actual dirigente del imperio, se apuntó al carro del perfora nena, perfora y mira tu por donde, una catástrofe de dimensiones apocalípticas, debidamente suavizado por nuestra libre prensa -no quiero ni pensar lo que estarían diciendo si el derramador fuese un enemigo, Chávez por ejemplo- se desarrolla en esta semana llena de eventos -ninguno esperanzador para el mundo libre-.
Saco estas imagenes de Alaska, como ejemplo de la enorme mosca en la leche que podría ser un derrame si es que la gobernadora de ese estado se sale con la suya, en lo de perforar, y en lo de llegar a dirigente de la galaxia -todo puede ocurrir, peores actores han dirigido a la humanidad- y que siga el espectáculo.
El pueblo para muchos es el lugar de veraneo, para los que se fueron a la gran ciudad o a algún país cercano, pero para los que la mundialización empezó mucho antes -es que lo de globalización me suena a condón o a algo que puede reventar, como en realidad ha sucedido- el pueblo es ese nombre impronunciable que como cruz llevamos en los documentos.
Y aunque se retorne, porque el volver no se recomienda si quiere uno aprovechar al máximo el poco tiempo del que disponemos para ver el ancho mundo, una vez desraizado no hay vuelta atrás, el pueblo solo nos recuerda nuestra extranjería permanente y universal.
Pasan los años y los viejos que ya no están permanecen en sus retoños, aunque las ramas son más numerosas, también son más delgadas que los troncos.
Vuelve el tricornio, como dirían los presentadores de desfile de pasarela. En las distintas procesiones que he presenciado este año lo llevaban todas las bandas de música, o reafirmación nacional, o alguien muy espabilado para los negocios, o ambas cosas, aunque eso sí, no son de charol.
En su primera acepción estilo es un instrumento para escribir, o dibujar. Para esbozar lo que nos distingue de cara a los demás y el mundo que nos rodea.
En su acepción más extendida es un recurso comercial, como si los artículos de marca producidos masivamente no lo fuesen y cada uno estuviese 'estilado' o firmado como sólo los humanos podemos firmar, irrepetiblemente.
Otra manera de verlo sería cómo la vida escribe en nuestros rostros y apariencias, a algunos con la ligereza de un boceto a otros con la dureza de un cincel. Eso es estilo, irrepetible y del que no se vende.
estilo.
Cuidado con lo que fotografían, como si de brujería se tratase he comprobado que de objeto es fácil convertirse en sujeto. Y aunque con más suerte que el pescador de la foto beneficiado por la sanidad gratuíta socialista -ya que yo me accidenté a cincuenta metros del hospital- me causa perplejidad el que me hayan cosido de manera similar, sin anestesia y de una herida bastante parecida aunque no tan seria.
Es que eso de la sanidad socializada ha hecho mucho ruído esta semana, con un simulacro de socialización y el circo montado por los caza brujas que no quieren ni oir hablar de sanidad pública y los que pa' lavarle el ojo al macho pretenden crear una.
Después de esperar en cola para ver a un médico casi se puede pensar que los cazabrujas encabezados por la Palin 'controlo de política exterior porque veo al enemigo desde mi casa en Alaska' puedan tener algo de razón, pero más vale herida curada.. que ruina irremediable por curar.
Mientras tanto el simulacro continúa, la realidad puede ser tan cruda, que es mejor vivir en un decorado, ya sea de circo o de poblado del oeste, o eso es lo que pretenden que hagamos.
Al no ser instantáneo casi hasta se olvida, pero en un carrete del otoño pasado aparecen estas imágenes de la llanura castellana. El otrora imperio donde no se ponía el sol hoy lucha por que sus pueblos no sucumban ante el abandono y el envejecimiento de su población.
En un pueblo de la provincia de Valladolid llama la atención los restos del castillo en la loma y una iglesia a punto de derrumbarse, La Mota del Marqués.
El castillo de Medina del Campo, ciudad del insigne soldado conquistador de Indias Bernal Díaz del Castillo del cual recomiendo leer su Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España y Guatemala, pionero de las crónicas de guerra.
Los campos castellanos después de la cosecha, el rastrojo.
Segovia y su catedral.
Inspirado por mis colegas moscovitas me lancé a las calles del pueblo, con una Xpan al cuello. Se aprecia el ir ligero de equipaje, aunque la recompensa no es instantánea como con las digitales, es película lo que lleva dentro.
Los chavales me pidieron que les fotografiara, el de la derecha calcula que no está en la foto, pero si lo está ya que la toma es bastante ancha.
Moisés manteniendo la forma, que aunque ya cruzó el estrecho -y quien sabe que más cosas habrá cruzado, seguramente el desierto también- la batalla continúa aunque los riesgos ya no sean tan grandes.
El marroquí seguramente cruzó el estrecho aunque no el desierto, más inclinado a comerciar acarrea todos los bártulos a ver si con suerte vende algo.
La lonja en plena efervescencia, pura suerte este disparo, el buen hombre estaba amagado arreglando una caja de pescado, al erguirse llena de buena manera el cuadro con cara de medio sorpresa.
Paco y Diego, espíritus libres donde los haya, mejor ser libre en el pueblo ya que la vida es más llevadera, en la gran ciudad me imagino sería un poco más duro el sobrellevar la libertad.
Por último y con retraso, una panorámica del domingo de mercado, con el hortelano de Antas en blanco y negro.
Solo queda un barco de madera en el muelle, la flota se modernizó cuando el recurso está casi agotado, estos colores tan vivos desaparecerán junto con el cada vez más escaso pescado.
Para despedir el invierno la Carne Vale, según la etimología italiana del carnaval. Carne antes del ayuno de la cuaresma.
El anonimato es alguna de las cosas de la gran ciudad que se puede echar de menos en el pueblo.
Señal a la izquierda, apuntando al corazón, aunque es tan solo para desviar el tráfico y hacer peatonal la zona. Después de las últimas lluvias el cielo no puede estar más azul.
Vestidos de volantes que como casi toda la ropa del mercadillo no tiene aspecto de mucha calidad, pero seguramente a precios asequibles.
El churrero muy orgulloso de la rosca, y el anticuario, por llamarlo de alguna manera, dándole cuerda a la gramola, la verdad el sonido era interesante, pasó la época en la que lo que más impresionaba era la ausencia de ruidos de los CDs, ahora importa más el contenido que la limpieza técnica de su señal, y esto es aplicable a la fotografía también.
Lo mejor de todo, y con lo que no se puede bromear ni ser superfluo, los productos de la huerta. Llevo varios años disfrutando en invierno de las naranjas de este insigne hortelano, y no solo naranjas, ajos frescos, pimientos secos, ajos secos, col, todo de una calidad insuperable.
Por último, llama la atención en esta nueva torre de Babel la presencia de británicos, este vende libros. La inmigración es apabullante, sobre todo de Africa. Pero ver a gente del norte con puestos en los mercadillos tal vez sea una señal de los nuevos tiempos. Repetiré mercadillo y les mantendré informados. Lo más impactante es que aunque todo el mundo habla de la falta de dinero, el ambiente general a orillas del mar y en un día de sol resplandeciente era de alegría y regocijo total, todo un estímulo para ánimos alicaídos por la omnipresente recesión.