





Otra de esas cosas que no se definen con una ecuación infalible, pero cuando vi al vejete sobre la bici al otro lado de la calle sabía que ahí había foto. Tuve que rondar unos cuantos minutos, al final creo que lo conseguí, no se dieron cuenta.
El sostén de la patria, las mujeres, con voluntad de hierro. Y por si fuese poco el hierro, pues recurrieron al T34, rústico y poco refinado, pero pudo con los invasores, junto con mucha sangre, dolor y lágrimas.


Estas las tomé con la otra cámara, la verdad estupenda combinación dos telemétricas, la segunda panorámica, la XPan, en su versión ancha siempre espectacular, en la versión normal buen apaño para objetivo normal como complemento a un 35 en la cámara base. Hablo de cámaras porque han conservado la fachada de lo que en su día fue una tienda de productos mecánicos, como cámaras y relojes.
La plaza central en Smolensk me recuerda el título de una pieza de rock sinfónico de los años 70, Los Días de un Futuro ya Acontecido, y lo digo por la ausencia de vehículos de motor, todo un anuncio del futuro, que ya ha sido pasado en su encarnación soviética.
Los pescadores en el puente sobre el Volkhov, además de viandantes.
Vista desde la casa del gran poeta Pushkin, no duda tuvo de qué inspirarse.
La Altura sin Nombre, camino de Vyazma una altura por la que muchos cayeron durante la Gran Guerra, hay un cementerio testimonial, lo que los rusos llaman Tumbas Hermanas.
Hay tantos por la inmensa geografía rusa que cualquiera podría serlo, pero este en particular me ofreció en mi breve estancia una luz maravillosa y un ambiente acogedor. Me pregunto en qué coche iría hoy en día Chichikov, si en un Lada o en un todo terreno alemán de los de a cien mil.
El puente de finales del XIX conserva un aire encantador de la primera revolución industrial, aunque es peatonal las nuevas generaciones van a gran velocidad con scooters, así que cuidado al pasear.
El parque infantil en el mismo sitio que la chatarra bélica de imperios pasados.
Al ver de cerca un avión de combate da más bien pena que miedo, hoy pura chatarra, en su día seguro causaron destrozos.
El tiempo se detuvo con la perestroika, el sistema anterior se degrada poco a poco, pero el nuevo no acaba de llegar, aunque parece ser que las multinacionales de distribución también usan los cuadros de honor.
Los chavales a la salida del puente, con camisetas del Barça, muy buena excusa para establecer conversación aunque el fútbol no sea una de mis religiones.
Y por último, la religión nuestra de todos los días, los chavales entrenan para el mitin del partido único, o casi único porque comparsas hay.
Me llamó mucho la atención la profusión de vallas anunciando a un nuevo candidato, el nuevo líder de los liberales, un oligarca pero no cualquiera, deportista, parece ser que hijo de la antigua nomenclatura, y parece ser que ruso y no hebreo como la mayoría de sus colegas oligarcas, el hombre más rico de Rusia, que ya es decir porque allí los ricos lo son tanto como los pobres pobres.
Vallas de producción impecable, aunque vacuas en su mensaje, de tan obvia procedencia que hasta un extranjero -aunque con algo de conocimiento de la cultura rusa- pudo quedarse con el cante de la campaña. Como la política en todos sitios desde la época Reagan, todo se basa en clichés y símbolos de fácil acceso para el vulgo, si, se nos considera vulgo y por lo tanto la comunicación no pasa de niveles primarios, para qué más.
Así que dos frases copiadas, la una de la película Brat 2, el Hermano en su secuela, 'La fuerza reside en la verdad, el verdadero es más fuerte' y la otra basada en una canción de Victor Tsoy, 'lo inevitable que son los cambios'. Para qué calentarse la cabeza, colores estudiados, muchas vallas por muchos sitios y mensajes publicitarios que no dicen nada pero todo el mundo entiende. Así ha sido el resultado, el candidato ha desaparecido, y todos sabemos quien es el verdadero candidato, alguien que no recurrirá a frases de origen publicitario, y por lo tanto infunde pavor en Occidente, donde la realidad ha sido suplantada por la publicidad.
Como anillo al dedo, una película con tonos antiguos para retratar una ciudad antigua, pero nueva, pero ya vieja. Me explico. Ciudad fundada hace más de un milenio, pero destrozada varias veces, lituanos, polacos y franceses, la última por los nazis durante la gran Guerra Patria. Reconstruída con la arquitectura imperial estalinista en los años cincuenta, con evidentes signos de decadencia por la caída de la Urss.
No sé si sería un Centro Cultural o un cine, pero octubre se cae a pedazos.
Cerca de la estación de trenes, es ya la segunda década del nuevo milenio, y sin embargo la imagen bien podría ser los años cincuenta del siglo pasado.
De imperio a nombre de cafetería, por ahí va el gran experimento fallido.
Aunque algunas cosas no cambian, como el nombre de la calle todavía dedicada a Felix de hierro, fundador de la CheKa. Hablando de la peli, muy delicada en su manejo, difícil de manipular, he estropeado varias imágenes buenas, pero creo que vale la pena. Al ser más sensible al espectro rojo los cielos se parecen a los conseguidos con filtrado rojo. Vale la pena probarla y experimentar, aunque me duele el haber perdido material por falta de experiencia en su uso.
Así me explicaba Andrey el lamentable estado de las carreteras en este país inmenso. En muchos sitios verdaderamente lamentable y peligroso. Hace falta encomendarse a San Cristóbal -aunque ya no sea santo, pero ese es otro tema- o tener un ángel de la guarda como parece ser tuvimos en Vyazma, donde nos detuvimos sin percatarnos a escasos centímetros de una alcantarilla sin tapadera.
Que en Rusia tienen un descenso acusado de la población nadie lo discute. Pero nadie lo diría, en cualquier pueblo los fines de semana no se ven más que limousinas esperpénticas y jóvenes parejas echando el candado, aunque luego encuentren sierras para romperlos.
En el mercado de Valday nos dan la bienvenida con K, aunque mucho en común volvemos a tener, el cerdo de cristianos viejos.
Con un regusto a contraste supremo, este verano he recorrido varios miles de kilómetros -en un país tan grande las distancias no son de extrañar- y apenas empiezo a procesar las imágenes que de momento yacen latentes en varias decenas de carretes, aguardando revelado.
Debería agradecer a la maravillosa gente que ha hecho de este viaje algo verdaderamente inolvidable y al mismo tiempo -creo y espero- muy fructífero. Pero lo haré conforme aparezcan las imágenes, si es que lo hacen, ya que siempre se corre el riesgo de perderlas, riesgo asumido al aparcar la satisfacción instantánea de lo digital por el riesgo calculado de la película de siempre.
Apareceran de forma aleatoria ya que no hay ni marcas ni señales, estas son las primeras, la vieja y abandonada estación marítima en Tver, la entrada al monasterio de Pecherskaya Lavra, y el tren de cercanías que parte de Moscú.