
Hoy es el día del Holocausto en todos los significados del término. El hijo de Dios se sacrifica por amor, el fuego consume hasta las cenizas a inocentes en muchas partes del mundo, y se cumple el quinto aniversario de la gran matanza que no tiene visos de terminar nunca, o por lo menos en cien años como promete el candidato a sucesor del emperador.

El cambio de estación se deja sentir con más intensidad este año, y el tiempo llora por los inocentes que sucumben frente a las pasiones desbordadas de dirigentes inicuos.

Es imposible no ser pesimista y sentirse no más que una cabeza de rebaño, parte de una recua cuando oímos a nuestros dirigentes decir que esta orgía de dolor y destrucción vale la pena, está justificada, tenía que hacerse. Nos lo dicen a pesar de todo lo que ya sabemos, y no pasa nada, no puede pasar nada, ellos lo saben. Pasearé por la playa y reflexionaré, porque el emperador imbécil no sabía que al quinto año la misión no solo estaría inconclusa, sino que coincidiría con el Jueves Santo.