
El que la fotografía del presente y futuro cercano es digital ya nadie lo discute. Todo evoluciona y se imponen procesos nuevos por su conveniencia, coste, inmediatez, accesibilidad y un sin fin más de razones.
Hacía muchísimo tiempo que no 'cocinaba' un carrete de película blanco y negro. Ya no es práctico. Quizás el argumento de más peso en contra sea el ecológico, se manejan líquidos nocivos ya no solo para el medio ambiente sino para el bienestar propio también, los reveladores contienen ácido bórico y no vean Uds. lo que eso puede significar con los tiempos que corren en España.
Tratando de encontrarle el lado positivo más allá de la simple nostalgia, y de los resultados que siempre serán subjetivos, me inclino por la no inmediatez. Si, no se sorprendan, no es que me sobre el tiempo no, lo que es tan conveniente como disparar y tenerlo al momento, contra un proceso que implica preparaciones de líquidos y cacharros, zambullirse en la oscuridad total para tratar de rescatar la luz, con el consiguiente morbo para quien como yo es un poco claustrofóbico, la ansiedad de que ese rescate puede fracasar por mil y un motivos, y en fin, ese poco de brujería implícito en sacar luz de la oscuridad hacen que el ejercicio -si no falla nada- sea una delicia aunque lenta en su disfrute.
En cuanto a los resultados, trato de racionalizarlos pensando que algún matiz distinto se consigue por lo aleatorio de los cristales depositados sobre la película comparado con lo cartesiano de los dispositivos electrónicos de captura, pero talvez no deje de ser subjetivo ya que para colocar aquí el resultado de esos cristales distribuidos estocásticamente los he hecho pasar por un dispositivo matricial y geométrico, aunque sigo pensando que alguna diferencia hay. Juzguen Ustedes.

Vistas de la provincia de Almería.